Bolsonaro se recluye obligado por la enfermedad que desestimó

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, que en las últimas semanas había moderado el tono de su permanente embate ideológico, se ha recluido aún más y despacha ahora desde su residencia afectado por la COVID-19, que siempre ha menospreciado.

Bolsonaro, quien la víspera anunció que ha contraído un virus que en algún momento había calificado de «gripecita», a pesar de que ya infectó a 1,6 millones de brasileños y segó la vida de más de 67.000, mantuvo su agenda de este miércoles, mediante videoconferencias con algunos de sus ministros.

Febril en las redes sociales, también ha publicado vídeos en los que, pese a las dudas que existen en el mundo científico, promueve el uso de un derivado de la cloroquina para tratar la COVID-19 y se muestra tomando el polémico antipalúdico.

«A los que van en contra de la hidroxicloroquina, pero no dan otras alternativas, lamento informales que estoy muy bien usándola y con la gracia de Dios viviré aún por más tiempo», afirmó Bolsonaro.

Fiel a su negacionismo, este mismo miércoles vetó 14 artículos de una ley aprobada por el Parlamento para contener la expansión de la pandemia entre los indígenas, que por sus precarias redes sanitarias son uno de los focos de preocupación en Brasil.

Entre los puntos vetados, que según el Gobierno creaban pesados compromisos presupuestarios sin determinar su impacto fiscal, uno obligaba al Estado a garantizar el acceso de los indígenas «al agua potable» y otro establecía la «distribución gratuita de materiales de higiene, limpieza y desinfección en las aldeas».

Sin embargo, casi al mismo tiempo, un juez del Supremo determinó que el Gobierno deberá, en un plazo de diez días, «elaborar un plan y crear barreras sanitarias en las tierras indígenas», en las que hay unos 12.000 contagios y cerca de 450 muertos.