El cúmulo de metales pesados en el embarazo puede causar TEA y TDAH

Descubrir las causas del autismo, del déficit de atención o de la hiperactividad en los niños es el objetivo de muchos científicos. Algunos estudios se centran en cómo transcurrió el embarazo y si algo, como los contaminantes ambientales, influye en el desarrollo neurológico del bebé mientras crece en el útero materno.
Precisamente una nueva investigación ha revelado que elevados o bajos niveles en la sangre de la embarazada de metales pesados, como el cadmio , el plomo, el mercurio y el arsénico o de minerales como el manganeso , se asocian con un mayor riesgo de que el hijo presente trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o autismo.
El estudio se ha realizado en el Instituto noruego de Salud Pública, y se ha publicado en la revista Environment International. Para llevarlo a cabo se analizaron datos procedentes del Estudio de cohorte noruego de madre, padre e hijo (MoBa) de 2.136 madres, 705 con hijos que padecían TDAH, 397 con pequeños con algún trastorno del espectro autista (TEA), y 1.034 con niños sin ninguna de estas patologías.
Niveles anormales de metales aumentan el riesgo de TDAH y TEA
Los investigadores observaron que el riesgo de TEA aumentaba cuando la madre presentaba niveles altos o bajos de plomo en la sangre, o elevadas concentraciones de arsénico. También, cantidades elevadas o disminuidas de arsénico se vinculaban con más niños con TDAH.
Los niveles altos de cadmio se relacionaron con un mayor riesgo de TDAH y TEA. Resultados similares se encontraron con el manganeso: proporciones anormales se asociaron al TDAH, y los niveles más altos de manganeso aumentaron el riesgo de autismo en comparación con los más bajos.
No obstante, con estos datos no se puede deducir una relación directa entre los metales pesados y el TDAH y el TEA. Según concluye el propio estudio noruego, en el que han participado las universidades de Oslo (Noruega), Carolina del Norte y Columbia (EE.UU.), estos resultados demuestran que son necesarias más investigaciones sobre la acción de los contaminantes ambientales en el desarrollo fetal. Los autores también afirman que no se tuvieron en cuenta otros factores que también pueden haber influido, como la genética.
Estudios previos ya relacionaron la presencia de algunos metales pesados con trastornos neurológicos en los recién nacidos. Por ejemplo, es bien conocida y probada la relación entre cantidades altas de mercurio en la sangre materna con daños cerebrales en el bebé.
De hecho, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda que las mujeres embarazadas, lactantes, y niños de entre uno y 30 meses, eviten comer pescados con elevados niveles de mercurio como el pez espada, el tiburón, el atún rojo o el lucio. Respecto al plomo, el cadmio o el arsénico se encuentran en cereales, verduras, carnes, mariscos, pescados… Así, el cadmio se acumula en la carne de la cabeza de los crustáceos, por lo que se aconseja limitar su consumo.
En España, una investigación publicada en 2018 en BCM Pediatrics reveló que entre el 4,9% y el 8,8% de los niños y adolescentes padecen TDAH. Respecto a la prevalencia en nuestro país de niños con TEA se estima que afecta al 0,6% de los escolares, según un estudio que se realizó dentro del proyecto Trastorno del Espectro Autista en Europa de la UE, publicado en la revista European Child & Adolescente Psychiatry
Con Información de WebConsultas