Conversaciones de WhatsApp revelan que el asesino de Ana Lucía abusó sexualmente de la niña zuliana

Un escalofriante caso de violencia extrema sacude a las autoridades y a las comunidades de Colombia y Venezuela. La Fiscalía General de la Nación tipificó oficialmente como feminicidio infantil y violencia vicaria el asesinato de Ana Lucía González, una niña zuliana de tan solo 9 años de edad, cuyo cuerpo sin vida fue hallado el pasado martes 15 de septiembre dentro de una alcantarilla en el barrio JJ Rondón de Ciudad Bolívar.

El principal señalado y autor material de este atroz crimen es Shenner José Rojas Lárez, nativo de La Guaira, quien de acuerdo con las investigaciones preliminares habría asfixiado a la menor con un fin perverso: causarle un dolor irreparable a su pareja sentimental y hermana mayor de la víctima, Rusmeri González.

De acuerdo con la teoría del ente investigador, los hechos se desencadenaron tras una fuerte discusión entre Rojas Lárez y su pareja. En medio del altercado, el sujeto subió a la niña a una motocicleta, iniciando un trayecto que comenzó en el barrio Porvenir Río, en el municipio de Mosquera, y que los condujo inicialmente a una vivienda situada en la localidad bogotana de Fontibón.

Al día siguiente, el individuo trasladó a la pequeña hasta Ciudad Bolívar, sitio donde, según la investigación fiscal, la despojó de la vida mediante asfixia mecánica. Adicionalmente, en el avance de las pesquisas y de acuerdo con registros del diario El Tiempo, allegados a la víctima señalaron que la menor presuntamente habría sido objeto de abusos sexuales previos por parte de su propio captor.

Un giro clave en la investigación surgió tras la filtración y análisis de una serie de conversaciones de WhatsApp sostenidas por Rusmeri González hoy bajo la lupa de su propia familia con una familiar del presunto homicida, identificada como Nebraska. Los chats, comprendidos entre el mes de julio y el sábado 12 de septiembre (dos días antes del fatídico suceso), dejan al descubierto los profundos temores y el conocimiento previo que la hermana tenía sobre la situación de riesgo de la menor.

En uno de los extractos fechados el 27 de julio, Rusmeri expresaba su angustia: «Pero lo vas a denunciar. Yo estaba pensando en irme mañana, pero no puedo ir a la casa. Yo no quisiera que el bebé creciera sin su papá. Tengo miedo, y si mi tío se da cuenta, me van a regañar». Asimismo, la mujer reconoció la presión social y cultural ante el dilema: «Me van a tratar de lo peor porque ante las personas yo decía que él era un gran hombre… él sabe cómo son los wayúu cuando se meten con uno de ellos, y más si son niños».

Pese a que la familiar de Rojas sugirió métodos para indagar lo que ocurría como pedirle a la niña que lo dibujara o escribiera en un papel, Rusmeri justificó su inacción señalando que intentó abordar a la menor, pero desistió al verla llorar: «No quiero hacerle recordar esas cosas, yo lo intenté pero no pude más porque se puso a llorar. Por eso también quería llevarla a que le revisen, pero sé que llamarían a la Policía enseguida». Incluso, en otra de las conversaciones llegó a advertir que el comportamiento del sujeto contra la niña obedecía a represalias hacia ella misma: «Yo siento más bien que la rabia de él es porque yo no le hago caso como tal y cuando ve a la niña trata de desquitarse con ella».

Estos chats serán entregados formalmente a la Fiscalía General de la Nación por parte de la familia para determinar posibles responsabilidades por omisión.

Por su parte, Shenner Rojas se encuentra recluido en un centro carcelario tras ser presentado ante un juez de control. En la audiencia, el organismo fiscal le imputó los delitos de feminicidio agravado y actos sexuales con menor de 14 años también agravados, mientras las autoridades evalúan nuevas actuaciones judiciales derivadas de las evidencias digitales.

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