Nayive Molina: emigró a Houston para comenzar de nuevo y terminó librando una batalla por su vida
La periodista venezolana enfrentó un diagnóstico de cáncer de esófago poco después de llegar a Estados Unidos. Hoy, tres años después, habla de fe, miedo, supervivencia y de una nueva oportunidad para vivir con propósito.
Cuando Nayive Molina hizo sus maletas en Venezuela, llevaba consigo un sueño sencillo pero importante: volver a ejercer el periodismo en Estados Unidos.
Habían pasado años difíciles en el país y decidió emigrar. Su destino fue Houston, Texas, donde imaginaba que a estas alturas estaría trabajando en una sala de redacción o colaborando en alguna producción de televisión.
Pero la vida tenía preparado un desafío que jamás imaginó. Poco después de llegar, aquella nueva etapa estuvo marcada por un diagnóstico de cáncer de esófago que cambiaría completamente sus planes.

Todo comenzó con una dificultad para tragar
El primer episodio ocurrió cuando todavía trabajaba en televisión, bajo mucha presión y estrés. Un pequeño pedazo de comida quedó atascado al tragar.
En ese momento no podía imaginar que aquella dificultad sería una señal de algo mucho más serio. Con el avance de la enfermedad, la situación se volvió crítica. El tumor llegó a impedirle completamente el paso de alimentos y líquidos. Tenía hambre, tenía sed, pero no podía beber agua.
La experiencia fue especialmente dura porque Nayive se encontraba en un país nuevo, lejos de buena parte de su entorno familiar y enfrentando, simultáneamente, las complejidades propias de la migración y un proceso médico de enorme magnitud.
Su cuerpo comenzó a debilitarse hasta llegar a pesar cerca de 34 kilos.“Sentía que hora tras hora me iba arrancando las esperanzas de vida”, recuerda.

El miedo que nadie veía
Más allá de los tratamientos, había un obstáculo emocional que para Nayive resultaba especialmente difícil de enfrentar: el miedo a la quimioterapia y la radioterapia.
Su padre había muerto durante una quimioterapia. Por eso, cuando llegó el momento de iniciar su propio tratamiento, no solo tuvo que enfrentarse al cáncer. También tuvo que enfrentarse al recuerdo de su padre y al temor de que la historia volviera a repetirse.
“Era difícil confiar”, reconoce.
Sin embargo, su oncólogo le hizo comprender que su historia no tenía por qué ser igual.
“No tiene por qué ser la misma historia”, le dijo.
Y Nayive tuvo que aprender a soltar el miedo.
Cuando tomar agua se convirtió en una victoria
Uno de los momentos que más recuerda ocurrió después de varios días sin poder ingerir líquidos.
Una de sus primeras grandes victorias fue algo que para la mayoría de las personas puede parecer absolutamente cotidiano:
volver a sorber agua.
Para ella significó mucho más.
“Algo tan natural para el ser humano como tomar agua, para mí era una verdadera victoria”, cuenta.
Aquella experiencia también cambió su manera de mirar las pequeñas cosas de la vida.
“Tengo fe. Algo en mi corazón me dice que sí podemos»
En uno de los momentos más difíciles, cuando se sentía profundamente debilitada, Nayive acudió al Santísimo.
No fue a pedir simplemente que desapareciera la enfermedad. Según relata, llegó a un punto en el que decidió entregarse completamente a Dios.
Fue entonces cuando vivió una experiencia espiritual que describe como determinante.
Nayive cuenta que sintió la presencia de Jesús y, poco después, aquel alimento que llevaba días obstruido logró pasar.

Para ella, ese instante representó una señal.
“Ahí supe que él estaba ahí, presente, conmigo.”
A partir de ese momento decidió continuar.
Una nueva oportunidad
Tres años después de llegar a Houston, Nayive se define de una manera que resume todo lo vivido:
“Resiliente de cáncer, viviendo una nueva oportunidad con propósito.”
Hoy, después de haber superado el cáncer, mira su historia desde otra perspectiva.
No se considera únicamente una sobreviviente. Se considera una mujer que tuvo que aprender a confiar, a actuar aun con miedo y a valorar aquello que antes parecía cotidiano.
Su historia también está acompañada por su familia, sus afectos y esa vida que decidió volver a abrazar.
Su mensaje para quienes atraviesan un momento difícil
Nayive no pretende presentar su experiencia como una fórmula para enfrentar una enfermedad. Pero sí tiene un mensaje para quien hoy recibe un diagnóstico difícil, especialmente para quienes atraviesan un proceso migratorio lejos de casa.
“Muévete. Actúa. Camina. Sal al sol. Agradece a Dios. Ámate. Valórate. Mira hacia adentro.”
Y añade:
“Te va a doler, te va a partir, pero confía en Él.”
Su invitación es a hacer todo lo que esté al alcance de cada persona y no quedarse paralizado por el miedo.
“La última palabra la tiene Dios, pero te toca poner lo que nunca imaginaste”, afirma.
Y cierra con una frase que resume su manera de mirar esta nueva etapa:
“Tú decides: o eres paciente o te conviertes en HACIENTE. Al final, todo vale la pena.”
La historia de Nayive Molina comenzó con una migración y un sueño profesional. Continuó con un diagnóstico que puso su vida en pausa y una batalla que jamás había planeado librar.
Hoy continúa escribiendo su propia historia.
Una historia de fe, supervivencia y resiliencia.
Por: Sur es Noticia

