ONU confirma muerte de ocho cascos azules en siniestro de helicóptero en RDC

La ONU confirmó este martes la muerte de los ocho cascos azules que iban a bordo de un helicóptero de la organización que se estrelló en una zona de combates en la República Democrática del Congo (RDC) y dijo que está investigando las causas del siniestro.

El Ejército de la RDC acusó a los rebeldes del M23, con los que lucha en el área, de haber derribado el aparato, pero esa información aún no la ha confirmado Naciones Unidas.

Las víctimas resultaron seis soldados paquistaníes que formaban la tripulación del helicóptero y otros dos militares que iban a bordo, uno ruso y otro serbio.

Según el portavoz de la ONU Stéphane Dujarric, los cuerpos terminaron recuperados en una misión de búsqueda y rescate y trasladados a Goma, la capital de la provincia nororiental de Kivu del Norte, donde tuvo lugar el suceso.

En concreto, el helicóptero cayó cuando se encontraba supervisando los efectos de los combates que el Ejército de la RDC y el M23 mantienen en la zona de Tshanzu (Rutshuru).

Dujarric dijo que la ONU ha puesto en marcha una investigación para determinar las circunstancias del siniestro y trasladó las condolencias de la organización a los Gobiernos y las familias de los fallecidos.

La zona se ha convertido en escenario, en los últimos días, de combates entre las Fuerzas Armadas y los rebeldes, que han tomado cinco localidades desde este lunes, según confirmaron hoy a EFE líderes de la sociedad civil.

Respuesta rebelde

El ataque ocurrió después de que el Ejército efectuara la semana pasada operaciones contra bases del M23 en Rutshuru, acciones que los rebeldes lamentaron en un comunicado emitido el pasado sábado.

Como resultado de los combates, «centenares de civiles» huyeron a la vecina Uganda, confirmó este lunes una de las portavoces del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (Acnur) para Uganda, Wendy Kasujja.

El M23 empezó su andadura como grupo rebelde a principios de 2012 y estaba formado, sobre todo, por soldados que desertaron del Ejército congoleño para protestar contra el Gobierno.

Estos combatientes avanzaron con rapidez y en noviembre de 2012 consiguieron ocupar durante dos semanas la ciudad de Goma, capital de Kivu del Norte, con cerca de 700 mil habitantes.

Entonces, la ONU acusó al M23 de contar con el apoyo económico-militar de Ruanda e incluso de recibir órdenes directas de altos funcionarios del Ejército ruandés.

Finalmente, la presión diplomática empujó al M23 a retirarse de Goma e iniciar conversaciones de paz con el Gobierno congoleño.

En 2017, algunos combatientes del M23 criticaron la lenta aplicación de los acuerdos firmados en esas conversaciones y organizaron varios ataques cerca de la frontera de Uganda.

El este del país lleva más de dos décadas sumido en un conflicto alimentado por las milicias rebeldes y los ataques del Ejército, pese a la presencia de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (Monusco), que cuenta con más de 14 mil efectivos.

EFE